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Cómo cambio una palabra y cambia mi actitud

por | 20 Diciembre 2016

Por mucho tiempo quise cambiar el mundo.

Pero no me malinterpretes, no es que renuncié a la idea.

Mucho hablé sobre esto con distintas personas. Desde que estaba en la carrera. Sentía que había mucho por hacer por el mundo y que yo no contribuía con nada.

Lo que la gente decía

La gente siempre me decía que estudiar una carrera era hacer algo, quizás mucho, porque una vez concluida podía ayudar a la gente; que con lo que yo aprendiera podía hacer mejores cosas para la gente que sin esos aprendizajes.

Y es cierto. Pero esa manera de ver las cosas nunca me ha satisfecho. Quizás nunca lo haga.

Cambiar el mundo ha de ser una tarea completamente extenuante. No lo sé, me lo imagino, nunca lo he hecho. La sola idea me agota.

Reconozco que por mucho era tanta la impresión que me paralizaba. Veía todo lo que hay por hacer, veía la nada que yo hacía y lloraba. Sí, lágrimas y toda la cosa.

Lloraba porque en el mundo hay mucho dolor desatendido y lloraba porque mis manos estaban vacías: no realizaban ningún trabajo que aliviara algo de ese dolor.

Además, siendo realistas ¿quién ha cambiado el mundo? Nadie.

De verdad.

Te diré lo que creo que sí han hecho esas grandes personalidades que te vienen a la mente: lo mejoraron.

Algunos lo han mejorado considerablemente, como ponerle llantas nuevas a un coche usado. Otros lo han mejorado modestamente, como ponerle polish a un rayón del carro.

Puede que no estés de acuerdo con mi terminología.

“Cambiar” por “Mejorar”

Pero lo que quiero compartirte es que este cambio de palabras me ha traído fuentes de fortaleza para actuar en beneficio del mundo. La idea de cambiar el mundo me paraliza. Cuando llega a mí, la sustituyo por “mejorar el mundo”. Esta idea me moviliza.

Me muestra el valor de hasta la más insignificante (en apariencia) acción buena; me anima a actuar incluso en lo pequeño porque me conforta “Aún si hoy sólo has regado este árbol, ha mejorado el mundo”; y me impulsa “vamos, sólo te tomará diez minutos y mejorarás el mundo”.

Desde entonces #soymejorología

Foto de Isabell Winter