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Otra forma de pensar el hambre y la exploración espacial

por | 28 Diciembre 2016

Alguna vez un reconocido autor* dijo un tanto molesto y sorprendido, contado en boca de su esposa, “Es el siglo XXI, ¡hemos llegado a la luna, pero no podemos acabar con el hambre!”

Yo no podría haberlo dicho mejor.

En 1970 alguien se quejó de que se gastaran millones de dólares en exploración a Marte cuando muchos niños morían de hambre en la tierra.

La queja fue enviada al director asociado de vuelos espaciales de la NASA. Fue la monja Jacunda de Zambia. Le envió una carta al Dr. Ernst Stuhlinger y éste le respondió así.

Al leer la respuesta se aclaró mi perspectiva. Jamás pensé que explorar el espacio fuera malo, ni siquiera pensaba que fuera una actividad entretenida nada más. Pero ciertamente no podría haber expuesto contribuciones concretas de los trabajos espaciales, más allá del internet.

El punto aquí no es si estudiar el espacio contribuye a mejorar el mundo. Tampoco nos interesa si esa carta es enteramente fidedigna.

El primer punto en esto es abrir una puerta para darnos cuenta que por muy urgente que parezca el hambre y por muy lejano que parezca la exploración espacial, ambas tienen sus motivos de validez.

Pero no sólo estas dos causas, sino todas las causas.

Hemos vivido también el escándalo del sacrificio de un gorila para preservar la vida de un niño. Unos escandalizados por el asesinato de un inocente animal en peligro de extinción. Otros escandalizados por la aparente incompetencia de los padres del pequeño. Y otros cuantos escandalizados porque haya gente escandalizada porque murió un animal y por una honesta distracción de unos padres. ¿Quién está en lo correcto?

¿Qué importa quién podría estar en lo correcto?

Where is the love?

Después de entender que todas las causas tienen validez, el segundo punto es preguntarnos ¿En qué trabajo yo?

¿Cuál es mi causa?

*les debo la apropiada cita.

Foto de Haley Phelps